En el parque eólico de La Fuensanta culminó ayer el curso para mejorar la asistencia sanitaria en rescate realizado por el Grupo de Espeleosocorro. La coordinación de emergencias, esencial en un siniestro en un aerogenerador
«Accidente en la posición 33 del parque eólico de La Fuensanta». Esta escueta frase basta para poner en marcha un operativo, que comienza acordonando la zona y cuyo engranaje funciona a la perfección. La coordinación entre el personal que conforma el dispositivo de emergencias es esencial en estos casos. Salvar una vida en peligro puede depender de que esa coordinación sea óptima.
Una máxima que ayer pusieron en práctica bomberos, sanitarios, y personal de la empresa General Electric Energy, coordinados por el Grupo de Espeleosocorro de la Región.
Todo ello en el marco del curso, pionero en España, para mejorar la asistencia sanitaria en escenarios de rescate que ha llevado a cabo esta organización y que culminó ayer en el parque eólico de La Fuensanta, propiedad de General Electric y que está ubicado en Peñas de San Pedro.
Tras alertar de lo sucedido y pedir ayuda al equipo de Protección Civil más cercano, en este caso el de Almansa, comienzan a trabajar en el rescate el personal de la empresa, los bomberos y los sanitarios.
Aunque los accidentes en el sector no son muy habituales, sobre todo por la conciencia de la importancia de la seguridad que existe en el mismo, lo cierto es que sí pueden tener consecuencias fatales.
Los siniestros, tal y como detallaba sin perder un detalle de lo que ocurría en el aerogenerador donde se produjo el simulacro de rescate, el director regional de Salud, Seguridad y Medio Ambiente del Sur de Europa para General Electric, Sabas Herranz, pueden suceder en la parte baja del aerogenerador «donde hay cuadros eléctricos».
Complicaciones
Otro punto susceptible de que se produzcan siniestros es la parte de arriba del aerogenerador donde también hay equipos eléctricos y mecánicos. Pero, sin duda alguna, el sitio más complicado en el caso de que se produzca un accidente en un molino eólico «es el buje, la nariz lo que da vueltas del molino o la pala», apuntaba Herranz.
La complicación estriba en este caso sobre todo en las dificultades de acceso para el personal de emergencias. De ahí que éste fuese el escenario elegido para uno de los rescates que se llevó a cabo ayer.
El otro punto fue una plataforma ubicada a medio camino de la torre cuya altura, otra de las dificultades añadidas, ronda los 80 metros, según estimaba el responsable del Grupo de Espeleosocorro, Enrique Jávega.
El dispositivo estaba compuesto por más de 25 profesionales entre bomberos y personal sanitarios, así como cuatro técnicos más de la empresa que coordinaban el operativo encargado de atender, estabilizar y evacuar a los heridos.
Una evacuación que en el caso del siniestrado en el buje se produjo, en vez de por la escalera de la torre, por fuera de la misma bajando al herido en camilla por una cuerda perfectamente asegurada en un descenso controlado. Descenso que ayer fue más difícil por la lluvia que caía y el viento que soplaba.
Josefa del Campo, una de las sanitarias participantes en este curso y en el simulacro reconocía que hay no pocas dificultades a la hora de participar en un rescate de este tipo. La falta de espacio en la parte de arriba del aerogenerador es una de ellas, pero no la única.
A modo de curiosidad hay que tener en cuenta que estos profesionales tienen que tener una buena forma física. Y es que como en este caso, subir 80 metros por escaleras puede ser una más que difícil prueba. Si bien ayer todos demostraron que están perfectamente capacitados para hacer frente a este tipo de situaciones.
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