Pasaron más de cinco meses desde la última vez que salió de su casa. Esa mañana del 27 de abril José Olea subió al colectivo que lo llevaría hasta una finca, donde trabajaba en la cosecha del limón. Pero el ómnibus, en el que viajaban quince cosecheros, cayó al lecho del río Lules, y desde entonces el hombre, de 37 años, permanece internado en el hospital Padilla.
El accidente se produjo a las 8.30 en el puente ubicado sobre la ruta provincial 301, en el acceso norte a Lules. Miriam Elizabeth Vega, de 40 años, falleció por la caída del colectivo. Estaba embarazada de seis meses. Los otros 14 cosecheros y el chofer del ómnibus fueron hospitalizados.
Olea permanece internado hasta hoy, cuando recibiría el alta de los médicos. Pero su vuelta a casa no será fácil: las lesiones que sufrió por el accidente lo dejaron cuadripléjico, necesita un equipamiento médico especial y no cuenta con los recursos para adquirirlo.
José Olea trabajó durante 12 años para una empresa dedicada a la cosecha de limón. Según comentaron sus hermanas a LA GACETA, trabajar era la única idea que siempre tuvo en su cabeza. Había cursado hasta quinto grado en la escuela primaria y “poner el lomo” era todo lo que sabía hacer.
“Cuando terminaba la cosecha me dedicaba a hacer cualquier trabajo hasta el siguiente año. Coseché en distintas fincas en Famaillá, Monte Grande, Alpachiri y Las Tipas”, comentó Olea.
El día del accidente viajaba junto a tres de sus hermanos hacia una finca ubicada en Famaillá. “Sólo había unas cuantas butacas para sentarse. En su lugar colocaron tablones de madera para que pudieran entrar más personas por viaje. Cuando el colectivo volcó esas pesadas banquetas me golpearon varias veces en la espalda”, explicó el cosechero.
Beatriz Olea, hermana del accidentado, contó que además de estar cuadripléjico, tiene una afección pulmonar que le impide respirar con normalidad y tiene que utilizar un respirador artificial.
José necesitará una persona que lo cuide las 24 horas, ya que no puede mover sus brazos ni sus piernas. “Como nunca lo pusieron en blanco, él no tiene obra social ni aportes jubilatorios. Soy la única de mis hermanos que no trabaja y puede ocuparse de él, pero mi casa se cae a pedazos. Todavía no sabemos de dónde vamos a sacar dinero para comprar la cama, el respirador, la silla de ruedas y el colchón que necesita para poder estar afuera del hospital”, dijo Beatriz.
La familia Olea está compuesta por nueve hermanos. Todos ellos viven en el barrio Alberdi, en San Pablo. Desde que José está internado, el esfuerzo de su familia y de sus vecinos les permitieron viajar hacia la capital todos los días para visitarlo en el hospital y comprar los medicamentos que necesitó para su tratamiento.
“Si alguien puede darnos una mano, que nos llamen al 154186720″, dijo Clara Olea, otra hermana del hombre.
José tiene una deficiencia congénita para hablar. Muchas veces le dijeron que podía gestionar una pensión por invalidez, pero él prefirió trabajar para ganarse la vida. Ahora, desde una cama, pide que lo ayuden para poder vivir dignamente.